Leer con propósito aumenta tu aprendizaje… libérate de la culpa.

Las investigaciones en neurociencia han puesto de manifiesto, que cierta parte del cerebro conocida como el Sistema Activador Reticular (SAR), es el responsable de muchas de las funciones cognitivas relacionadas con la conciencia.  El cerebro tiene una función teleológica. Teleológico es un adjetivo que se refiere a aquello que está vinculado a la teleología.  Según define el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), la teleología es la doctrina centrada en las llamadas causas finales, es decir, los fines y puede entenderse como el análisis de los propósitos o de los objetivos que persigue un ser o un objeto. El SAR filtra la información de las fuentes externas y se centra en un hecho detallado en particular. Por lo tanto, el cerebro necesita tener claro un objetivo o un propósito para funcionar eficientemente; de lo contrario salta de un punto a otro perdiendo tiempo y esfuerzo y llegando a ningún lugar en específico. Es como cuando Alicia en el país de las maravillas, le pregunta al gato: -¿Qué camino debo tomar?- y él le hace otra pregunta: -¿A dónde quieres ir tú?… Ella responde que no importa y es cuando él le dice: “-Si no importa a donde vas, no importa el camino que escojas.-”

Ya que toda lectura sirve, en última instancia, para algún propósito es mejor comenzar estableciendo uno específico.

Declárate, a ti mismo, tu propósito cada vez que leas, crea el hábito de comprometer tu mente y agudizar tu enfoque mental antes de comenzar la lectura. Establecer tu propósito también refuerza tu poder de escoger cuándo y cómo tu mente trabajará para ti.  Al hacer esto, sin duda te encontrarás decidiendo no leer textos sin importancia y es entonces cuando puedes liberarte de cualquier sentimiento de culpa acerca de postergar la lectura innecesaria.

Paul Scheele, el creador de Photoreading, propone las siguientes preguntas para establecer el propósito de una lectura:

  1. ¿Cuál es la aplicación final que quiero hacer de este material? ¿Qué espero decir o hacer diferente después de leerlo?
  2. ¿Qué tan importante es este material para mí? A largo plazo ¿vale la pena? ¿Leer este material agregará valor para mí?
  3. ¿Qué nivel de detalle deseo? ¿Después de leerlo quiero obtener el panorama general o deseo entender solo los puntos principales? ¿Deseo recordar hechos y detalles específicos? ¿Leer el documento completo es relevante para mi propósito?  En lugar de eso ¿puedo obtener lo que deseo leyendo solamente una sección o un capítulo?
  4. ¿Cuánto tiempo estoy dispuesto a comprometer en este momento, para satisfacer mi propósito? Definir el tiempo que le dedicarás a la lectura hace que te concentres mejor.

Por ejemplo, si vas a leer un libro sobre inversiones de Warren Buffett; no es lo mismo que vayas a leerlo porque tienes dinero y quieres aprender cómo invertir, a que si quieres formar una empresa para poder venderla después o si impartes clases de finanzas y deseas aprender más sobre el tema.

Cuando nuestra mente tiene definido el objetivo, encuentra las palabras más relevantes de lo que nos interesa y así podemos obtener mayor y mejor información.

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